Desde hace varias semanas el mundo entero se ha visto sacudido por una pandemia presente en todos los continentes. Nuestras vidas han colisionado con un virus paralizante. Es evidente que algunos han sido más perjudicados que otros, sin embargo, en una medida o en otra, esta crisis nos ha afectado a todos, y hoy nuestra vida es otra. En medio de esta situación de incertidumbre, ¿qué respuesta nos ofrece el cristianismo?

Son muchas las personas, profesantes o no, las que se han hecho esta misma pregunta en los últimos tiempos. Tanto es así que la popular revista TIME publicó un artículo hace unos días con el fin de dar respuesta a esta cuestión. La dirección de la revista confió su redacción al afamado autor británico N.T. Wright. A pesar de ser un académico de renombre, posiblemente nunca había tenido una oportunidad como esa de llegar a un número tan amplio de lectores.
Su respuesta, en esencia, fue la siguiente: “El cristianismo no tiene ninguna respuesta que aportar y sería estúpido pensar que Dios tiene algo específico que decirnos al respecto”. En su artículo, Wright argumenta que el cristianismo no existe para responder directamente a nada de lo que nos sucede, pero sí debe lamentarse de que ciertas cosas ocurran.

Por supuesto que debemos lamentarnos ante el dolor y acompañar a los que sufren: El predicador nos recuerda que es mejor estar en la casa del luto que en la del banquete (Eclesiastés 7:2). El mismo Señor Jesucristo lloró tras la muerte de su amigo Lázaro (Juan 11:35). Y el apóstol Pablo nos exhorta a llorar con los que lloran (Romanos 12:15). Sin duda, hay ocasiones en las que debemos llorar y guardar silencio. Pero ¿es esto todo lo que Dios tiene que ofrecernos? ¿nada más allá de nuestras lágrimas?

La Biblia nos enseña que en la vida hay un tiempo señalado para todo, y eso incluye el lamentarse (Eclesiastés 3:4). Pero, al contrario de lo que algunos puedan pensar, la contribución del cristianismo no se limita al plañido de sus fieles. ¿Qué respuesta nos ofrece el cristianismo?

1. La respuesta que no merecemos

Una de las dificultades en estos días se encuentra en confirmar quién está realmente infectado por el Covid-19. No todo el mundo ha podido hacerse la prueba, y muchos de los tests resultaron ser defectuosos a la hora de ofrecer un diagnóstico concluyente.

Sin embargo, la Biblia nos ofrece un diagnóstico agudo con respecto a la condición del ser humano. Aunque, como sucede con el coronavirus, no todos exteriorizan los mismos síntomas, este mundo se encuentra enfermo y necesitado por causa de un virus espiritual. Con este virus nacemos, vivimos y morimos. No conocemos la vida sin él. Su presencia condiciona nuestra existencia, nos aleja de Dios y, finalmente, nos conduce a un mismo desenlace: la muerte física y el castigo eterno. Aun cuando externamente no se aprecien todos sus efectos, la Palabra de Dios nos demuestra que todos, sin excepción, estamos contagiados (Romanos 3:10–18).

Esta es la razón por la que la vida no es lo que debería ser, nosotros no somos quiénes deberíamos ser, ni hacemos lo que deberíamos hacer. Por eso Dios está tan lejos de la mayoría.
El ser humano en su estado natural se encuentra en una situación tremendamente peligrosa. La Biblia enseña que, por encima de cualquier pandemia, no existe mayor amenaza para nosotros que nuestra propia condición caída. El propio Jesús afirmó: “no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28).

Este virus revela nuestra fragilidad física. Pero, independientemente de que el ser humano perciba o no su indefensión, el diagnóstico de la Escritura es concluyente: Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque (Eclesiastés 7:20). A pesar de todo ello, Dios no nos responde como merecemos sino todo lo contrario (Salmo 103:10–17).

2. La respuesta que necesitamos

Decenas de laboratorios en todo el mundo trabajan en estos momentos para lograr una medicina eficaz de frenar el virus hoy, y una vacuna capaz de resistirlo en un futuro próximo. Oramos para que ese momento llegue lo antes posible. Pero sabemos que, ya sea a consecuencia de este virus o no, todos moriremos y ninguna medicina producida en un laboratorio podrá cambiar eso. Sin embargo, la Biblia nos advierte que hay alguien capaz de revertir nuestra condición de manera permanente. La buena noticia que anuncia el cristianismo es precisamente ésta: la paga del pecado es la muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro (Romanos 6:23). Jesús mismo dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.

Cristo no solamente cuenta con la compasión, sino también con la capacidad de cambiar nuestra realidad. Y lo hace por medio de Su propia vida. El Perfecto Hijo de Dios se hizo hombre para morir por aquellos que reconocen su rebeldía delante de Dios. El cordero puro y sin mancha cargó en Él la impureza de todos aquellos que depositan sus pecados a los pies de la cruz. La Escritura lo explica así:

Por amor a vosotros, siendo rico se hizo pobre, para que por su pobreza fuéramos enriquecidos (2 Corintios 8:9).

El justo murió por los injustos, para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18)

Al que no conoció pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2 Corintios 5:21)

En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).

Solamente en Cristo encontramos el remedio que necesitamos.
La Palabra de Dios garantiza que todo aquel que es tratado con esta medicina alcanzará la victoria. Y ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:38–39).

3. La respuesta que nunca imaginamos

Gobernantes y expertos tratan de calmar a las masas evitando hablar de lo trágico, centrándose en lo positivo y ofreciendo previsiones alentadoras que constantemente tienen que ir ajustando a la realidad. Pero lo cierto es que, si no han podido prever lo presente, ¿cuánto menos anticipar lo que ocurrirá en un futuro?

El cristiano descansa en la previsión de Uno cuyas palabras son fieles y verdaderas (Apocalipsis 22:6). El mismo que declara el final desde el principio y dice: “Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré” (Isaías 46:10). Dios es el Dueño y Señor del universo, nada le sorprende ni se escapa a Su control soberano (Daniel 4:34–35). Ni si quiera un virus y sus consecuencias.

Aquel que ha sido alcanzado por la compasión de Cristo vive el presente a la luz de lo que vendrá. Y aun en medio de la incertidumbre actual puede experimentar una paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7). Sabiendo que lo mejor está por venir. Los hijos de Dios aman la vida, pero no temen a la muerte. Porque Su esperanza está puesta en quién nos asegura: Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Juan 14:3). Será entonces cuando Dios mismo enjugará toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron (Apocalipsis 21:4).

El cristiano llora y se lamenta ante el dolor y las pérdidas, pero no como los que no tienen esperanza (1 Tesalonicenses 4:13). Porque sabe que lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado en el corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman (1 Corintios 2:9).

¿Qué respuesta nos ofrece el cristianismo?
La que no nos merecemos.
La que necesitamos.
La que nunca imaginamos.

 

Heber Torres

5 Comentarios

  • Beatriz Velez dice:

    Hermano, gracias, todo cristiano debería leer este maravilloso mensaje. Dios es grande y su amor es incondicional y arriba de Él no hay otro.

  • Doug Campos dice:

    Esta es la perspectiva de un cristianismo en todo momento pues su mente debe estar puesta en las cosas de arriba. Filipenses 4:8

    Excelente mensaje alentador y lleno de esperanza.

  • JPaty dice:

    Excelente mensaje

  • carmenn corbacho dice:

    Gracias por la Palabra!! No hay nadie tan grande y maravillo como tu Señor!!

  • Maricela dice:

    No se porque me sorprende ver tan solo 4 comentarios a un con tenido de tanto valor y ver cuantas noticias falsas circulan por este mismo medio y son “virales”, sin embargo me sorprendo, afortunadamente a nuestro Dios nada le toma por sorpresa. Gracias Señor por dejarnos las señales, no nos abandones y no permitas que nuestros ojos y nuestros corazones se desvíen. Gracias por hombres como Heber Torres.

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